¿Por qué es tan importante acudir al veterinario con regularidad?
El veterinario de un perro o un gato es junto al dueño el único responsable de su salud. Acudir con regularidad a la consulta del profesional no sólo nos asegura cumplir con las pautas de vacunación ydesparasitación adecuadas, sino que también nos permite evitar problemas graves por su diagnóstico en los primeros momentos de la enfermedad. Nuestro veterinario nos ofrecerá en las visitas diversas revisiones: dentales, geriátricas, de control de enfermedades específicas (parvovirosis, moquillo, filariosis, leucemia). La gran mayoría de las enfermedades de nuestras mascotas, y las que pueden transmitir a los humanos, se pueden prevenir poniéndonos en manos de los profesionales.
¿Son realmente tan necesarias la vacunación y la revacunación?
La vacunación de los animales de compañía es el método preventivo más adecuado para evitar la aparición de diversas enfermedades. Es imprescindible respetar el calendario de vacunaciones propuesto por el veterinario ya que tiene una importancia fundamental para la consecución de una salud plena.
La vacunación o inmunización activa es el procedimiento preventivo por excelencia; desgraciadamente no existen vacunas contra todas las patologías de nuestros animales de compañía, pero si disponemos de un gran número de ellas para prevenir patologías de diversa gravedad.
La vacunación es un procedimiento sencillo y eficaz, además de una buena inversión. Mediante la aplicación de vacunas en nuestros compañeros hemos conseguido erradicar ciertas patologías que no sólo afectaban, por ejemplo, al perro, sino que a su vez hemos erradicado patologías que podrían afectar de forma muy grave al ser humano. Un dueño responsable debe pensar exclusivamente en el beneficio sanitario y no ver tras la vacunación un doloroso pago al servicio ofrecido por el veterinario.
Las vacunas deben ser manejadas exclusivamente por los veterinarios, puesto que su preparación profesional y su experiencia les otorga plena capacidad para manejar las distintas estrategias de vacunación y adecuarlas a cada animal en concreto. Debemos revacunar a nuestro animal todos los años.Los cachorros deben revacunarse debido a la inmadurez de su sistema inmune y a las posibles interferencias con las defensas de la madre. La revacunación anual es imprescindible para asegurarnos una protección continuada y de alta efectividad durante toda la vida del animal. No pasa nada si la vacunación se retrasa unos días sobre la fecha prevista, pero si el retraso fuera prolongado, deberíamos consultar con el profesional la posibilidad de instaurar otro calendario de vacunaciones.
Vacunar a los gatos es igualmente necesario, ya que no tienen menos derechos, ni menos riesgos que un perro. Existen graves enfermedades en los gatos que pueden evitarse con la correcta vacunación. Lo más importante es seguir “al pie de la letra” las recomendaciones de nuestro veterinario, tanto en el número de vacunaciones y revacunaciones, como en las fechas en las que cada vacuna ha de ser aplicada.
¿Cuales son las principales enfermedades del perro susceptibles de ser evitadas mediante la vacunación?
Parvovirus canino
Es una enfermedad causada por un virus que llega a los animales sanos a partir del contacto con animales enfermos o con sus heces. Un perro puede padecer la enfermedad en cualquier etapa vital, pero su gravedad depende de la edad del animal afectado. Provoca fiebre elevada y diarrea con sangre, y en cachorros puede llegar a ser mortal.
Moquillo
Es una enfermedad muy contagiosa producida por un virus, que afecta principalmente a cachorros no vacunados. Según el tipo de infección, el animal puede morir o quedar con lesiones permanentes; el problema suele comenzar con fiebre, ojos y nariz con secreciones, tos, diarrea y seguir con deshidratación, pérdida de peso y síntomas nerviosos.
Hepatitis infecciosa canina
Es una enfermedad viral muy contagiosa que se transmite por contacto con animales infectados, provocando principalmente una lesión en el hígado, aunque también puede alterar el aparato respiratorio. En casos graves se produce la muerte sin posibilidad de aplicar un tratamiento. La vacunación disminuye la expansión de la enfermedad.
Leptospirosis
Es una enfermedad que puede contagiarse también a las personas y está causada por una bacteria que provoca daños en el riñón y en el hígado. Se transmite por contacto con orina infectada. Los casos graves pueden ser mortales o causar un daño permanente al riñón.
Tos de las perreras
Esta enfermedad ocurre cuando hay aglomeraciones de perros, como en exposiciones caninas o en residencias. Suele suceder por una combinación de varios agentes infecciosos, produciendo una tos seca muy molesta con posible descarga nasal que dura varias semanas, que no obstante no pone en peligro la vida del animal.
Rabia
Es una enfermedad que afecta a todos los mamíferos, incluido al ser humano. La principal fuente de transmisión es el contacto con animales no domésticos infectados. El gato, más que el perro, es el que con mayor frecuencia ha infectado al hombre. La enfermedad se transmite a través de la saliva durante la mordedura del animal infectado. El animal rabioso muestra fiebre, ansiedad, tristeza y dilatación de pupilas. En fases posteriores puede bien mostrarse furioso y llegar a morder, o bien sufrir parálisis, presentar gran cantidad de saliva y terminar muriendo.
¿Cuales son las principales enfermedades del gato que pueden prevenirse?
Leucemia felina
Es una enfermedad vírica de los gatos que se transmite por contacto, por lamido o a través del lecho absorbente contaminado. Es una de las enfermedades más graves de los felinos que actúa sobre el sistema inmunitario, deteriorándolo y permitiendo el contagio de otras enfermedades. El animal puede perder peso, tener vómitos y diarreas, llegando incluso a desarrollar tumores cancerígenos. El tratamiento sólo consigue aliviar el sufrimiento y la mayoría de los animales mueren antes de los dos años.
Panleucopenia
Es una enfermedad extremadamente contagiosa que produce vómitos y diarrea, pudiendo llegar a ocasionar la muerte en gatos jóvenes y abortos en gatas infectadas durante la gestación. El virus que la origina puede resistir en el medio ambiente hasta un año, y se transmite por contacto directo con las heces, orina o saliva de un gato infectado, o bien indirectamente a través de objetos contaminados.
Peritonitis infecciosa felina
Es una enfermedad vírica mortal y difícil de detectar, ya que solamente con la enfermedad avanzada es cuando se presentan los síntomas: pérdida de apetito, fiebre, hinchazón de la tripa por la acumulación de líquido. Se contagia por contacto con otros gatos, sus bandejas, comederos o por ropas contaminadas. No existe tratamiento, sólo prevención mediante la vacunación.
Rinotraqueitis
Es la enfermedad respiratoria más grave de los gatos, cuyos síntomas se presentan en forma de catarro con fiebre, estornudos, mocos, tos, perdida de la voz… el animal deja de comer, adelgaza y puede morir. El virus se transmite por las secreciones de animales enfermos y a través de comederos, bebederos y ropa.
Calicivirosis
También se trata de una enfermedad respiratoria grave y frecuente. El virus que la genera suele acompañar al de la rinotraqueitis, produciendo heridas en la boca, nariz, conjuntiva del ojo y en ocasiones acabando en una neumonía mortal.
Rabia
Es una enfermedad que afecta a todos los mamíferos, incluido al ser humano. La principal fuente de transmisión es el contacto con animales no domésticos infectados. El gato, más que el perro, es el que con mayor frecuencia ha infectado al hombre. La enfermedad se transmite a través de la saliva durante la mordedura del animal infectado. El animal rabioso muestra fiebre, ansiedad, tristeza y dilatación de pupilas. En fases posteriores puede bien mostrarse furioso y llegar a morder, o bien sufrir parálisis, presentar gran cantidad de saliva y terminar muriendo.
¿Cuales son los principales parásitos del perro y cómo podemos acabar con ellos?
Los parásitos son seres que viven a costa de otros seres vivos, causa potencial de graves enfermedades, a los que se puede clasificar en dos grupos:
- Principales parásitos internos: gusanos planos, gusanos redondos y filaria (gusano del corazón).
- Principales parásitos externos: pulgas, garrapatas, mosquitos, ácaros del oído y ácaros de la sarna.
En el caso de los parásitos internos el método más utilizado es administrar un buen producto, que sea capaz de acabar con el mayor número de parásitos gracias a su amplio espectro de actuación y a su gran eficacia. También puede ser recomendable una buena combinación de varios productos. Debemos proporcionar a nuestro perro al menos entre cuatro y seis desparasitaciones internas al año (cada tres o dos meses respectivamente). Nuestro veterinario nos recomendará el mejor producto y cada cuanto debemos darlo(según donde vivamos, el tipo de actividad del animal). Sería ideal que antes de cada desparasitación se hiciera un análisis de heces, para confirmar la existencia o no de parásitos, y en caso afirmativo aplicaramos el producto más adecuado.
Para combatir a los parásitos externos debemos estudiar una estrategia con la colaboración del veterinario; no necesita lo mismo una raza de perro que vive en un apartamento que una que trabaja como pastor. En algunos casos puede ser suficiente un collar, en otros un spray o una pipeta, pero en gran número de ocasiones la lucha contra los parásitos externos se gana mediante una utilización inteligente de varios productos a la vez. Como la elección de la combinación adecuada no es sencilla, es mejor dejarse orientar por el veterinario.
Los mosquitos son los parásitos más difíciles de controlar. La leishmaniosis se transmite por la picadura de un mosquito. Cada cierto tiempo salen al mercado productos que repelen a los mosquitos en mayor o menor grado, pero tienen una eficacia limitada. Por esto, tenemos que acudir una vez al año a nuestro veterinario, que mediante un análisis de sangre averiguará si algún mosquito indeseable ha podido transmitir una enfermedad.
En los casos de infestaciones por pulgas es muy importante controlar el medio ambiente en el que vive el animal; los huevos de estos parásitos son la causa de hasta el 50% del problema, por lo que nunca debemos olvidar que el tratamiento antiparasitario externo ha de ser eficaz contra las pulgas adultas, sus larvas y sus huevos.
¿Cuales son los principales parásitos externos e internos de los gatos?
Los gatos también pueden ser la residencia de parásitos externos como pulgas y garrapatas. Las pulgas son bastante frecuentes y no así las garrapatas, que podríamos considerar de aparición excepcional. Los primeros síntomas que advertiremos en nuestro gato es que se rasca más de lo habitual, tiene irritaciones en la piel e incluso pérdida de pelo. La pulga adulta es de color marrón-rojizo y sus excrementos son pequeñas partículas negras visibles sobre el pelaje del gato. El ciclo de la pulga se resume en: pulga adulta-huevos-larvas-pupa. Además de tratar al gato, para combatirlas es imprescindible tratar el ambiente doméstico del animal, en el que la pulga pone sus huevos. Los tratamientos más eficaces son pipetas muy fáciles de aplicar que eliminan huevos y larvas.
Existen ciertos ácaros responsables de problemas auriculares que provocan una otitis, generalmente en ambos oídos, con producción de cerumen seco y oscuro. Es de sencilla curación con la aplicación de pipetas antiparasitarias.
Los parásitos internos de los gatos son las lombrices intestinales o nemátodos (ascaris y ancilostomas), que se alimentan de sangre y pueden provocar anemia. La manera más simple de infectarse es que nuestro gato ingiera heces con huevos o larvas de nemátodos. Podemos darnos cuenta de que nuestro gato tiene lombrices cuando presenta diarrea, anemia o pérdida de peso. La desparasitación debe realizarse cada dos o tres meses, aunque nuestro gato no salga a la calle, puesto que nosotros mismos podemos introducir los parásitos en nuestro hogar (por ejemplo, mediante restos de heces de animales en la suela de los zapatos). El tratamiento variará en función del tipo de infestación parasitaria, pero debemos tener muy presente que hoy en día con la simple aplicación de una pipeta se pueden combatir los principales parásitos del gato.
¿Qué es el “gusano del corazón”?
Nos encontramos ante una grave enfermedad parasitaria que afecta principalmente al perro, y en menor medida al gato. La presencia del parásito puede pasar totalmente inadvertida, o por el contrario tener una rápida y fatal evolución si no conseguimos diagnosticarla a tiempo. La gravedad de la enfermedad vendrá marcada por el número de parásitos “residentes” en la arteria pulmonar y en el lado derecho del corazóndel animal, así como por la capacidad de “defensa” del mismo.
El parásito responsable de la filariosis es un nemátodo, que en estado adulto puede llegar a medir de 12 a 30 centímetros, siendo más grandes las hembras que los machos. Se encuentra en diversas zonas de España, incluidas la costa de levante, Islas Canarias, Huelva, Cádiz, Delta del Ebro y Zaragoza.
Los animales más afectados suelen ser los machos, cuatro veces más que las hembras, animales de gran tamaño, de vida en el exterior; incluso, parece que existen ciertas razas más predispuestas como el pastor alsaciano, el pointer, el setter, el retriever, el beagle o el bóxer. La presencia de parásitos adultos desencadena dos graves situaciones: hipertensión de las arterias pulmonares y fallo congestivo del lado derecho del corazón. El animal parece cansado incluso en reposo, tiene tos, dificultad para respirar, aumenta su ritmo cardóaco, tiene falta de apetito y disminuye su peso. Ante la más mínima sospecha debemos acudir al veterinario; el profesional realizará algunas pruebas que confirmarán o descartarán las dudas, como radiografías, ecografías o análisis de sangre.
El tratamiento curativo no es fácil, ya que no disponemos de un fármaco que “ataque” con eficacia a todas las formas y edades del parásito, por lo que necesitaremos varios fármacos para que el tratamiento tenga éxito; cuando estemos seguros de que hemos acabado con todas las formas parasitarias, lo mejor será aplicar tratamientos preventivos que eviten la nueva aparición del problema. Hoy en día contamos con productos, como una simple pipeta, que además de prevenir contra la enfermedad del gusano del corazón también es eficaz frente a la pulga adulta, larvas y huevos, y frente a parásitos internos.
¿Cómo saber si un gato está enfermo?
Debemos tener presentes cuales son los síntomas de enfermedad más habituales en los gatos: pérdida de apetito, aumento o disminución de peso en breve plazo de tiempo, pereza, cansancio, sin ganas de juego o paseo, cambios en el consumo de agua, cambios en la orina (cantidad, aspecto), diarrea, presencia de sangre en la tos, vómitos y dificultad respiratoria.
Ante cualquiera de estos síntomas u otros que nos parezcan extraños e inusuales, acudiremos al veterinario para que nos confirme las sospechas de enfermedad y aplique el tratamiento necesario para solucionarlo. Un reconocimiento general del gato en casa debería incluir diferentes comprobaciones. Explorar los dientes y encías del animal, que deberían estar blancos y rosadas, respectivamente. Si los dientes y encías están amarillos, o el gato tiene muy mal aliento, deberíamos llevarlo al veterinario. Para tomar el pulso a un gato, debe colocarlo encima de una mesa e intentar que está relajado. Podemos encontrar el pulso en el interior de una de las patas traseras, justo en el punto de encuentro con el resto del cuerpo (la ingle). Un gato sano debería tener 120 pulsaciones por minuto. Para poner el termómetro a un gato necesitaremos a una persona que nos ayude y es conveniente ponerle un poco de jabón o vaselina antes de introducirlo. Mientras una persona sujeta bien al gato, la otra le levanta la cola e introduce el termómetro en el ano con suavidad. Sujete el termómetro ligeramente inclinado hacia arriba, espere el tiempo oportuno (según el tipo de termómetro), séquelo y lea la temperatura. Un gato sano debería tener entre 38 y 39 grados centégrados.
¿Cómo saber si un perro está enfermo?
El dueño del perro juega un papel fundamental en la salud de su mascota. Los principales síntomas que pueden detectar los dueños cuando algo en la salud del perro empieza a ir mal son:
Inapetencia: puede ser un indicio de un problema o de una situación pasajera por causas no patológicas: calor, hembras en celo, el refinado paladar del perro ante un cambio de alimento. En caso de enfermedad la inapetencia suele verse acompañada por otros síntomas como molestias bucales (gingivitis), vómitos o fiebre. Si el animal no come y esto se acompaña de otros síntomas raros hay que llevarlo al veterinario.
Sacudidas de cabeza: cuando nuestro perro sacude la cabeza violentamente como si quisiera desenroscarla suele ser un síntoma inequívoco de un problema en las orejas: infección, cuerpo extraño (espiga, ramita). El perro está molesto e intenta resolver el problema a base de sacudidas. No utilizaremos nunca métodos caseros para intentar aliviar el sufrimiento del animal, le llevaremos cuanto antes al veterinario.
Parpadeo continuo: cuando algo le molesta en el ojo el perro intenta aliviarse abriéndolo y cerrándolo. En muchas ocasiones este síntoma se acompaña de un incesante intento de rascado con las patas. Tanto en este caso, como en el de las legañas, debemos olvidarnos de colirios de farmacia y de remedios caseros sin consultar previamente con el profesional.
Mocos: su presencia puede deberse a algún problema o a situaciones naturales. Si el animal tiene mocos claros, escasos y transparentes no suele significar nada, pero si esta secreción se hace más abundante, cambia de color y se acompaña de estornudos, tos o decaimiento, debemos llevarle al veterinario.
Mal aliento: el mal aliento o halitosis puede ser el más claro reflejo de un problema localizado en la boca o incluso de algún problema del aparato digestivo. En la mayoría de los casos el mal aliento que emiten nuestros perros se debe a problemas dentales (sarro, infecciones). El animal come habitualmente comida casera o alimentos enlatados, y la comida se va depositando entre las piezas dentales. Si lo alimentamos con pienso seco favorecemos una limpieza diaria por el rozamiento de las piezas duras de alimento en los dientes.
Vómitos: el vómito es un acto reflejo del perro que se produce cuando algo va mal en el aparato digestivo; puede ser un simple problema debido a la glotonería de ciertos animales que comen prácticamente sin masticar, o un indicio de una grave patología. Si el animal vomita pero parece encontrarse bien, podemos dejarle sin comer 24 horas y controlarle el agua (poca cantidad en muchas tomas). A las 24 horas de ayuno comenzaremos a darle su alimento habitual muy repartido. Si sigue con vómitos debemos llevarle al veterinario. Si los vómitos se acompañan de diarrea, decaimiento o fiebre, acudiremos directamente al profesional.
Cambios al orinar: si nuestra mascota orina más de lo habitual, prácticamente nada, le cuesta hacerlo, o la orina se acompaña de sangre, algo no va bien. Existen multitud de problemas que hacen variar los hábitos al orinar: cistitis, cálculos, problemas renales. Ante cualquier cambio en los hábitos normales de nuestro perro a la hora de orinar, no lo dudemos, llevémosle al veterinario.
Bultos: nuestras mascotas también pueden sufrir la aparición de bultos, masas o protuberancias, desde una verruga, un simple quiste sebáceo, hasta un problemático tumor. Todos los abultamientos que aparecen deben ser revisados de forma inmediata por el profesional, ya que una tumoración benigna no controlada puede acabar dando graves problemas.
Diarrea: puede aparecer acompañando a problemas leves o a graves patologías. Si existe una sola diarrea y el animal parece encontrarse bien, le dejaremos a dieta de comida y controlaremos la ingestión de agua (permitiremos que el animal beba todo lo que necesita, pero pocas cantidades). Si las diarreas son continuas o existen otros síntomas (vómitos, decaimiento, fiebre), conviene llevarle al veterinario.
Fiebre: es uno de los síntomas más conocidos y que menos (o peor) investigamos cuando el animal “está raro”. La mayoría de los propietarios sospechan que su animal tiene fiebre porque la nariz del perro está; seca y con mayor temperatura de la supuestamente habitual. Si creemos que el animal puede tener fiebre debemos confirmarlo introduciendo un termómetro en el ano. La temperatura normal de nuestros perros es bastante más alta que la nuestra (38,5-39 Cº), si tiene una temperatura superior le llevaremos al veterinario.